A lo largo de la historia la muerte fue objeto de estudio dado la inevitabilidad de la misma. Las religiones ensayan explicar la vida después de la misma, exhiben miradas, visiones y relatos que sólo pueden fortalecerse en la fe, verdadero motor de la vida terrenal y que los pueblos asumen con pasión.
La vida biológica nos determina la única certeza que tenemos desde que nacemos: vamos a terminar nuestro ciclo biológico falleciendo. Así generación tras generación se va construyendo la historia, que debería ser un transcurrir en paz en la Comunidad y en cuidado de la naturaleza, en donde cada etapa va dejando a quienes vienen un mundo, que puede ser posible y amable o por lo contrario, puede describir como hoy, un rápido descenso de la calidad de vida de los pueblos, plagado de guerras, muertes y destrucción.
Debemos preguntarnos entonces cuál es el destino de la humanidad, en un mundo absolutamente deshumanizado, donde los valores morales han sido sustituidos por una lógica perversa, brutal, dramática, imperando la muerte por encima del humanismo necesario para convivir en paz.
Cuando la muerte, el asesinato se convierte en la herramienta de la resolución de los conflictos, el mundo entra en una espiral sin retorno, al justificar o naturalizar esos actos, que están llevando a la posibilidad de una guerra termo nuclear, donde los seres humanos destruiremos, la “Única nave espacial que nos cobija, que es la Tierra”, según el dicho del periodista Uruguayo Walter Martínez.
Esa “pulsión de muerte”, introducida por Sigmund Freud en su obra Más allá del principio de placer (1920), propia de los seres humanos según la psicología, se transforma en una herramienta sanguinaria en personalidades con poder de decisión política, desde los sectores dominantes del poder real, en su afán de expansión imperial.
Así el mundo calló dos años y medio en Gaza y el Genocidio con destrucción total 72 mil muertos, dos millones y medio de desplazados y un silencio atronador de los países “occidentales y cristianos”, tan occidental como Japón y tan cristiano como Israel, o sea una alianza geopolítica que hace de la muerte un instrumento de dominación, en especial EEUU e Israel además de la OTAN, expresión de del mundo Unipolar.
Existe otro mundo, el Multipolar que expresa la mayoría de la población mundial, que se mueve por otros andariveles, tanto en cooperación internacional, como en apoyo a los procesos de desarrollo basados en la mejora de la calidad de vida de los pueblos, intentando construir justicia social en el seno de las comunidades.
La Argentina de hoy es la imagen patética, denigrante del acompañamiento lacayo a EEUU Israel Inglaterra y la OTAN, que en su periplo actual no sólo promueve la invasión a Palestina, el Líbano, Siria, destruyendo Libia y atacando Yemen e Irán, además de Venezuela, Cuba y el mar del Caribe, asesinando como método, anunciando las ejecuciones como logros de la “libertad y la democracia”.
Sin dudas los códigos de las relaciones internacionales se han perdido, las Naciones Unidas ya son un papel del pasado, en especial el Consejo de Seguridad y sus mecanismos financieros extorsivos como el Banco Mundial y el FMI, herramientas de sujeción de países y pueblos, con control político por endeudamiento y pérdida de soberanía.
Éste escenario ha sido superado por una nueva geopolítica actual, en un mundo que ha girado hacia el Oriente, que se ha instalado con la fuerza de dos tercios de la población mundial, constituyendo un hecho irreversible, que el mundo Unipolar intenta detener o vencer, de ahí las guerras que no son religiosas, no es entre “malos y buenos”, no se trata de terrorismo, sino de apropiarse del relato globalizado, a través de los medios hegemónicos y redes.
Debemos entonces reflexionar sobre si el sistema de odio, instalado en nuestro país, reflejo necesario del alineamiento del Presidente, con el sistema de muerte que impera en el mundo de sus mandantes, ya que ese escenario nos está llevando a una situación de guerra, que los argentinos no queremos, ni toleramos, ni vamos a entregar a nuestros hijos y nietos a la furia asesina de los “dueños del mundo”.
La opción por la vida está abierta, dependiendo de la capacidad de lucha de los pueblos por la preservación de la misma, reestableciendo los valores y las virtudes necesarias para la reconstrucción de códigos de convivencia y relaciones internacionales, que puedan salvar al mundo de la “pulsión de muerte”, instalada por genocidas y asesinos con poder de destrucción total.
Jorge Rachid
CABA, 23 de abril de 2026
